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UBI SUNT?

UBI SUNT?

Por

Kirk W. Wangensteen

 

 

 

 ¿Dónde los varones, las armas, dónde?

Y el de amor, damas, cantor, ¿do se esconde?

Humus son, polvo, nada.

Do seas, íleo Eneas, preguntad

U horaciana, ovídea lira, indagad.

Gloria vana, pasada.

 

¿Qué fue de Orlando, puro, enamorado

O furioso vuelto… o Artús malhadado…?

¿Qué de Campeador Cid?

Argonautas, odíseos se fueron

Y Alejandro, y otros diez mil, murieron;

No queda ya adalid.

 

¿Qué de Eurídice fue y qué de Eloisa,

Julieta, o Laura…? Tanta alma Insumisa,

Eternísima pena.

Diosas enamoradas, o envidiosas,

Por cónyuges, vástagos, procelosas

¿Dónde la Ática vena?

 

La Imperial Roma a héroes forjó miles

En sangre y hueso, o en pluma aún más viriles.

¿Su hermano hoy, los conoce?

No la adulterada: tragedia auténtica

Helena, gaya ciencia enciclopédica,

Su altura, ¿hay quien la roce?

 

Aristófanes es nube… Platón

Sombra, con su académico filón:

Anámnesis no: sueño.

Al igual Plauto, o Séneca el sublime,

Libre serenidad, risa que oprime

¿Esclavo quién, quién dueño?

 

Del medievo oscuro qué diré, di

Si resplandece, edad mía, ante ti;

Su vivir somos mimos.

Apuleyo, Agustín: primo y postrero;

Boëcio, y Abecé latino entero…

Allí nos dirimimos.

 

Sic aut non fue del doce la cuestión;

Lo sigue siendo, según mi opinión…

¿Hay quien nos lo discuta?

¿Y qué diremos hoy día de Anselmiana,

Ambrosia, Spinócica, o Tomasiana

Scholástica disputa?

 

Nada queda, compañero del alma,

Lo roto perenne jamás se ensalma.

Virginales poetas

De épica y de lírica: trovadores

Sin par, anónimas plumas, primores

Juglares son o estetas?

 

El alma consuélame, Rabelais;

Anicio, en risa, que filosofees

Quisiera hoy… ¡oh dipsodas

Me vengan, ahoguen, y regando venguen

Mis sóficas gulas!: ¡No os aluenguen!

¡Abrazadme ya todas!

 

Virgilio juntamente y Beatriz

Ya Hades mortal, o penante, o feliz

Los dos nos enseñasteis.

Verdaderas Empero hordas nihilistas

Y Antiestetas: vosotros, sin aristas,

Todo nos lo negasteis.

 

Dante, Petrarca, magníficos vates

Y de Bocaccio los mil disparates,

.La mía Italia• ¡Vuelve!

Tus artes tales altares ganaron,

Fra Angélico, Gioto tonos tantearon:

Pincel hoy no resuelve.

 

En tu pintura pensar penar es:

Leonardo, Rafael, y el Arcángel ves,

Buonarrotti y pues basta;

Oíd de poetas galos, anglosajones,

Chaucer y Lorris. Leednos a españoles,

De aedos sublime casta:

 

Berceo, Fita, Mena y Santillana

Floresta en rima, poesía temprana…

¡Qué hermosos Cancioneros!

Que de lusas suavidades, saudades,

Paulatina pasa a otras gravedades

De castillos guerreros.

 

Una fortuita rueda laberíntica,

Amena no: Ménade quinteséntica

Viértase del crisol,

Y las chismosas viejas junto al fuego

Me digan, según dicen, “luego luego”,

Qué pasó, sol a sol.

 

Mas volvamos al vagido primero

De castellano discurrir rimero,

De esa agua y de ese vino

De ese caballero debate o clérigo

Certamen, combate, embate quimérico…

¿Infiel, pura, sin tino?

 

Ya cabalga el caballero tan presto

Ya tan galán y erguido, sin denuesto

En cuerpo, en mente, en alma.

¡Sí hubiese buen señor, prego a Dios!

De moro bando o cristiano cual vos.

Su hambre y sed, ¿quién la calma?

 

¡Ya Mamma, el meu-1 habib, ella le exclama

“Est ad yana!” Gallardía reclama

A la mozarabiella;

Abridle pronto madre “Aut ¿qué faréyo…

Qué serád de mibi?” Muere su rey o

Fina casta doncella.

 

Báñame Gonzalvo en ameno loco,

Estas mis carnes, que sientan, si poco

Del arroyo el susurro,

Y en su verdor se acurruquen: Propón

Cualque Virgen prefieras, o varón

Santo: mañoso arrullo.

 

Pastorra diré que no pastorela

Arcipreste pintonos, Juan Ruiz: vela

Pastoreando de día.

Nada de noche, prudente, diré

Yo mojigato: “Buen Amor” se lee;

No nada grosería.

 

Ataca Carnal (en Cádiz pregunten)

Mas vence (¿de veras…? cenizas se unten)

La Cuaresma en Sevilla,

O legiones de Málaga y Granada

Por fin victoriosa, Sancta mesnada.

¡Media asta sin mancilla!

 

¡Encomiéndame Erasmo, la moría!

Mi laeta estulticia laudaría

Roterdamensis homo

Si viviese. Mas no. Vano es, inútil

Humanista memorar: siglo fútil.

Locura así ¡no tomo!

 

Bruno: es tu luz preclara al mediodía

Latísima la de sabiduría

Fuente primaveral.

Caro lo abonásteis, Savonarola,

Servet, Moro… ¡Qué ensangrentada ola,

Cruz veo, ¡No! ¡Puñal!

 

Ellos se fueron, mas fuéronse Papas

E imperiales coronas. Losa: tapas

Saeculae saeculorum

Esos sátrapas si infames, si insignes

Danzando van todos pues clama el ignes:

A Satanás, o a Horum.

 

Montaigne sí, mas monstruo es Maquiavelli;

Paracelso, Galileo, Torricelli:

Mi juicio nadie robe.

La bola achatada se enarboló…

Si morbo galo a peste suplantó.

Abjura. Mai si muove.

 

Lasso: Florencia maestra emulando;

Forjadora épica, fray leonés, ¿Cuándo,

Juan Santo, cuándo Santa

Oh Teresa: —o por horror o pase, re-

To, guerra carmelita, hondo te hiere—

Acabóse ansia tanta?

 

Don Quijote, ¿fuisteis tú y compañero,

O fui yo, dime, arquetipo puntero,

Quien equivocó el siglo?

Andanzas dame, andaduras continas

Punzadas al corazón paulatinas.

¿Queda de ideal vestigio?

 

Niebla, te cantaron del energúmeno;

No de aquél de astucia verbal, mas numen o

Cultísimo rimar.

Hacednos, tras los muros te acoger

A charadas perdidas acceder,

Conde, y Dámaso al par.

 

Elocuente pince-nez: mudo resto.

Caña, desamor, muerte; porte enhiesto,

Aún cruzado tan solo.

Osuna te admiró. Tú, claridad

Mayor de la complejísima edad,

Sin doblez, no, ni dolo.

 

Soñástenos Segismundo esta estancia

Vitalmente encerrado en torre rancia,

Tanto mismo que el hombre:

Torre, historia. Ay tú, barquero: parístelo

A perfección, y en grande escena dístelo

A luz. Nadie lo ensombre.

 

Lucífero siglo feliz: dichotto.

España, por franca cultura en coto,

Feijóo, Valdés, Cadalso;

Mil más: Iriarte, Samaniego esópicos,

El Isla o Jovellanos, filantrópicos…

¿Vacuo acaso, algo falso?

 

Y Moratines: padres sois, ad limes

Románticos de aquí los alevines;

Blanco White, absorbiste

Con Larra a Byron, Shelly, Keats, así

Como Hugo, o parisino frenesí.

Alma tal, ¿aún existe?

 

Noble Rivas, desmesurando el sino…

Espronceda… Béquer divino…

Rosalía, en tu orilla

Bebo sediento, de amor, de tristeza…

Con Galdós y Unamuno; la grandeza

Tuya beso y mejilla.

 

Pelayo, tu casta no olvido yo

(Ni a Pídal esquivo, ¿quién nunca osó?)

Fabulaste lo nuestro

Cual prosista no hizo ni hará jamás

En estudio España, coherente ya estás

De pupilo y maestro.

 

Ortega, y D’Ors, de los Ríos, del Diez

Grupo: Greguerías… ¡Tiempos, pardiez

Tales, y cuales mores!

Modernismo y catástrofe final,

Rubén padre, mas no de hora fatal…

De ostentosos albores.

 

Alegre, tertuliano desenfreno,

Pombo, bullicio estudiantil ameno.

Artistas. Escritores.

Viejo barbudo, ¡qué puro esperpento!

Aplicárase el gremio hoy día el cuento.

Obras son, sí, ¡y amores!

 

Al Alva, si lumbre, se fue la luz;

Thomas de aquí no ni moro andaluz

Si próximo a italiano:

Inglés, creo, de aquella gran ultramar

Que tanto ahoga, y apenas a pensar

Nos lleva de la mano.

 

Cultura, si de céspedes filosos,

Picadillo y canículas: famosos

Oncológicos timos.

Gutemberg: cavaste tu propia tumba.

Todo pro por su peso se derrumba:

Y en naciendo, morimos.

 

Hombre tecnológico y aún tecnócrata,

(Mejor yo te acuso de dinerócrata):

Idos por córneo atajo;

De vuestra destrucción y de la nuestra,

Si es que quedare —parquísima muestra—

Algún mínimo gajo.

 

Blas, Gabriel, os mancháis; en ajo no,

En cebolla nanas. Miguel cayó,

Y el granado inocente…

Te lloro, a ti, a ti, a ti.

Y a mí. Recordarémosos, a fierro a si-

Mismo, ¿verdad, Vicente?

 

Nobeles cual tú son, o más si acaso;

Rayo hay que no cesa ni cela. Caso

Harto merecedor,

Pues lucharon, murieron (alma o sangre)

Dentro, o a la frontera, de esta palangre

Tan henchida en dolor.

 

Es olmo seco, delirio platero,

O un rapacín avizor en otero;

Reyes, o paz, o andino.

Amor atril: soniquetes e ideas

Nuevas, viejas’, os quiero bellas, feas:

Origen sois, destino.

 

Galo calle, silencie, breve, inglés.

Ítalo: oye la voz, dale la vez

A este cuero y sus hijos;

Ya cintas, sandalias de pescador,

Ya atauriques del máximo esplendor,

Cruentos sus entresijos.

 

¡No pasarán! Exclamaron. Mas no….

Sí que el vándalo pasó

Jericó; Lo viste, marinero:

Mas que esa golondrina, esa, real,

Si oscura, tras aún más oscuro mal,

Sí vuelva, aunque postrero.

 

Cruda danza mortal, drogados gozan,

Al Leal, Valdés pintan, caldero rozan

¡Danzad, danzad, malditos!

El vil metal, amadlo… y berread

Cerrad vacuos ojos a la verdad,

Sambenitos no, Vitos.

 

Beethoven y Mozart, Vivaldi y Bach

Yacen ya yertos, marchitase el frac;

Qué viejo que soy, ¡Dios!

Del salón en el ara dicta el ídolo.

¡Vate retro! ¡Calla! Yo eterno Pídolo:

Venceréisme los dos.

 

El falso inocente finge, desleal,

Ceguera. ¡Qué cruel omisión filial!

Hijo: tus padres viven.

La necedad es la muerte temprana.

Los que abandonan sin lucha el mañana

Sombra hoy vana reciben.

 

Réquiem por nuestros ayeres entono

En ritmo de adagio, apartando encono

¡Glorias pasadas… háblales!

¡Qué de astros, y hazañas, con qué tesón!

Recuerden cúyos descendientes son,

Su magia oculta… ensálzales.

 

Coge virgen la rosa, diem carpe.

Mas qué día, rosa, o palo que zarpe

A emprender aconsejas,

Fortuna, si, profeta en el desierto:

En mi hogar, clamando yo estoy, ya muerto.

Vida: Saber. Te alejas.

 

 

FINIS

 

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